Mucha gente tiene en su “bucket list” el visitar los viñedos de Valle de Guadalupe en Baja California, México. Está en su lista de deseos por cumplir en esta vida porque se sabe que en dicha región se producen los mejores vinos del país y que hay sitios idílicos, aún para los que no beben vino. Sin embargo, en general, lo que no se sabe es:
1. Valle de Guadalupe tiene más de ciento cincuenta viñedos.
2. La ruta y los accesos a muchas de las casas vinícolas no están actualizados o no aparecen en Google Maps.
3. Cada degustación toma al menos dos horas, por lo cual, tres visitas en un día son el número ideal -yo me quedaría con dos-.
4. Las vinícolas bajacalifornianas más conocidas en el resto de México no son necesariamente las mejores por visitar.
5. Las relaciones entre los propietarios y enólogos de las diferentes fincas vitivinícolas del Valle son de confianza, profundo respeto y hermandad.

Por consiguiente, para adentrarse en el Valle de Guadalupe es necesaria la experiencia del insider. Razón por la cual, si eres un genuino enófilo o estás en vías de serlo, el deseo en tu “bucket list”, para estar completo y decretarse correctamente, debiera escribirse: visitar los viñedos de Valle de Guadalupe en un recorrido diseñado y guiado por Iván Gallardo.
Iván nació en el viñedo Dubacano, propiedad de su familia y proveedor de uva de prestigiosas casas que no cuentan con finca propia. Dubacano es también reconocida como vinícola por sus etiquetas con medallas de oro y plata en los concursos europeos. Al linaje de Iván se suma su proyecto particular: ofrecer recorridos y experiencias enológicas personalizadas de alto nivel.
Empecé a conversar con Iván tres semanas antes de nuestro viaje. Iniciamos con las preguntas de cuántos días vienen, quiénes vienen, qué tipos de vinos les gustan, cuáles son sus etiquetas y sus casas vinícolas preferidas, qué perfil de vinos quisieran explorar. Ya entrados en confianza la pregunta entre líneas fue si queríamos tomar buenas fotos o tomar buenos vinos. Una vez sentado el territorio común hablamos de nuestras preferencias gastronómicas. El objetivo era conversar por anticipado, en nuestro caso, con el chef y winemaker Iker Turcott -Kruger- y la chef Dulce López -Solar Fortún- para maridar atinadamente nuestros gustos con sus propuestas.
Día con día pulimos la selección y el itinerario hasta quedarnos con siete de las mejores casas vinícolas del Valle que respondían a nuestras expectativas y a nuestro perfil, incluyendo el factor de que uno de los integrantes de nuestro grupo de tres era un niño de doce años, léase nuestro hijo. -Cabe acotar que en muchas salas de degustación no aceptan menores de edad-.
Degustamos vinos sofisticados y originales, al tiempo que amables, como los de Solar Fortún y Kruger; contemporáneos e intrépidos como los de Jorge Maciel; bien estructurados y con marcada ascendencia europea en Viña de Frannes; audaces, elegantes y con el rigor necesario para contar con premios internacionales como Dubacano y Casta de Vinos, y vinos alegres y versátiles como los de Rondo del Valle.
Gracias a Iván Gallardo tuvimos acceso a viñedos y vinos únicos que ignorábamos, a etiquetas que sólo logran conseguirse en su vinícola de nacimiento, a añadas que exclusivamente se comparten con amigos, y a mujeres y hombres generosos cuya pasión por el vino meramente nos confirma que tenemos puesto el corazón en el lugar correcto.
© Ana Márquez, 2023.